En un lugar del río Alagón, de cuya localización no quiero acordarme, se encuentra un pequeño poblado árabe llamado Azuquén de la Villeta (o La Villeta de Azuquén). Pocas personas conocen de su existencia, y pocas personas visitan el lugar. Enclavado en el termino de la provincia de Cáceres se encuentra este poblado, situado en la desembocadura del río X con el río Almonte.

Para llegar hay que realizar una ruta de aproximadamente 8 kilómetros desde donde dejamos el coche hasta el poblado, y caminar entre dehesas de encinas y alcornoques donde podemos encontrar ganado de todo tipo y sobre todo una variada fauna (tejones, buitres, águilas, milanos…) debido a la cercanía del Parque Nacional de Monfragüe. Bien es sabido que todo lo que rodea a este parque es zona protegida, haciendo una comparación podríamos decir que es como el escudo que protege el corazón del parque. En este transcurso se atraviesan fincas que anteriormente se gestionaban de forma tradicional, pudiendo apreciar zonas donde se habían dado otro tipo de explotaciones ganaderas, como la explotación de ganado porcino, encontrándonos incluso restos de antiguas porquerizas (lugar de descanso de los cerdos) construidas por el hombre hace decenas de años en casi perfecto estado.

Uno de los puntos fuertes de este poblado es que hasta el último momento no vamos a saber que está ahí, porque las encinas son mas grandes que sus murallas (3 metros de altura), pero de repente ante los ojos se va a abrir un claro donde está esa muralla, realizada con pizarra dispuesta en forma de espina de pez ó cremallera lo cual llama mucho la atención. Queda constancia de que siempre, fuera la cultura que fuere, se ha utilizado la materia prima que está cercana al lugar, y no como en la actualidad, que la materia prima recorre kilómetros y kilómetros para llegar a su lugar de destino.

Una vez te adentras dentro del poblado pocos restos se puede encontrar de lo que fue el poblado, se pueden observar los últimos fragmentos de casas con sus plantas de formas cuadrangulares, restos de tejas y de cerámica, y alguna que otra pizarra con alquerques (juego de mesa cullo nombre proviene del árabe al qirkat y tal vez naciera en el antiguo Egipto) grabados en ella. Pero tal vez, de entre todo esto lo que mas nos llamó la atención fue la cantidad de majanos (construcción de piedras que se iban retirando de los campos para facilitar las labores se amontonaban) que pudimos encontrar, de construcción mas reciente seguro, pero que poblaban todo el interior de la muralla, pudiendo contar mas de 100-150.

“Los castreños levantaron una imponente muralla que rodea todo el poblado, defensa que fue reedificada, posteriormente, en época bajoimperial y medieval (posiblemente en el siglo X, en plena época califal). De esta última etapa podrían ser los lienzos construidos con hiladas de pizarra dispuestas en forma de espina de pezEn el flanco no limitado por cauces fluviales y de accesos al castro, queda de la Edad del Hierro, además de la muralla, un amplio y profundo foso para su mejor defensa.  Frente a su puerta principal se localiza la necrópolis, con enterramientos  que van desde la Edad del Hierro hasta la Edad Media.” 

Fuente: Arquitectura del Pueblo (2011).

“Ciudad altomedieval musulmana (siglo X), posiblemente de población bereber, profundamente encajado en la penillanura extremeña. Poco se sabe de esta población ignorada en las crónicas medievales, alejada de las principales vías de comunicación y rodeada de espesos encinares. Altas murallas acodadas y con gruesos torreones que actúan de contrafuertes, realizados con pizarras y barro como argamasa. Las viviendas interiores y exteriores, reducidas hoy a un montón de piedras,se diseminan alrededor del amplio recinto y denotan una gran población de más de mil habitantes, que algunos han identificado con la tribu de los bereberes Miknasa.”

Fuente: Celtiberia.net

Como bien dije al comienzo de este texto no me quiero acordar de su localización por lo desprotegido que está y el miedo a que desaparezca, pero si quiero que quede constancia de su existencia. Como todo lo existente en Extremadura, es uno de esos lugares que aun está por explotar, por descubrir, y por ser mostrado, pero ante todo está aun por restaurar, conservar y proteger.

En esta tierra tenemos la fea costumbre de abandonar las cosas al paso del tiempo y que siga su proceso de desgaste, que los muros se caigan, que las piedras rueden ladera abajo, que la memoria se pierda, y que olvidemos el lugar del que procedemos. Muros de piedra construidos por árabes se caen y nadie hace nada por protegerlos, uno de los poblados que tal vez tendría gran importancia queda abandonado al igual que los muros que construyeron nuestros abuelos en sus fincas se derrumban perdiendo con esto la memoria de los lugares que habitaron.

Olvidamos los recuerdos, olvidamos el patrimonio cultural tanto físico como el de la memoria, dejamos que la tierra se pierda, que las canciones se derrumben al igual que lo hacen los muros… Recuperemos los recuerdos que nos pertenecen.

Pa' volar

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