Barcelona

¿A qué ayuda esto de recorrer una ciudad a base de realizar fotografías? ¿Cómo puede una cámara cambiar totalmente nuestra mirada?

Caminar con una cámara nos ayuda a comprender una gran ciudad hiperpoblada, una ciudad movida en torno al turismo, una ciudad en la que las calles principales tienen calles paralelas menos pobladas por el turista, una ciudad en la que aún existen pequeños rincones que pueden llegar a salvarse de lo masivo.

Como bien dijo Artemio Baigorri en el año 1995 en su comunicación «De lo rural a lo urbano» durante el V Congreso Español de Sociología, vivimos en una urbe global en la que los vacíos cumplen exclusivamente la misma función que, en términos de microurbanismo, cumplieron los parques y las zonas verdes en la ciudad industrial. Esto puede ser interpretado de manera que lo rural -los vacíos-, espacios los cuales habitamos, son los parques y jardines de lo urbano -lo lleno-, que somos el campo que calma las ansias de naturaleza de los urbanitas, un mero espacio de recreo en estado moribundo.

Lo rural nace por imposición de lo urbano. Es en esta sociedad lo urbano lo que destaca y lo que marca la necesidad de poner nombre a aquello no urbanizado, a lo rural. Es por ello por lo que es necesario acercarse a lo urbano, para tratar de comprenderlo, y lo hacemos a través de una mirada ajena, la mirada ajena que nos da la fotografía.