II

El peso de lo que ignora tiene a la niña encorvada.
Postrada en la noche muda, lanza su pregunta al aire.
Pero el valle no replica, ni los techos de las casas,
apenas la salmodia de unos perros a lo lejos,
y el reflujo de las horas entre las ramas.

– Ay prenda, prendita, ¿cuándo serás moza?
¡Quítate los pelos de la cara!
Que no te dejan ver el cordón que llevas colgado del vientre como una basta
hilacha.

Medio peleta, sequitos los huesos,
dos cortes limpios en la mirada.
……..– ¿Y tú de quién eres, China?,
……..¿de qué cacho tierra esas mustias raíces te han sido arrancadas?

Plagadita de liendres, negra como el tizón.
……..– Mándala de vuelta.
Con el rostro desencajado,
a la niña cada pregunta se le va quedando encostrada.
Morisquetas le hacían,
……..– No está empollinando la hembra.
con comicura la despachaban,
de un cachete tiraban con saña,
……..– ¡A mí me duele más!
el otro se lo arreaban.

De luto dos sombras el paso le flanqueaban
……..– ¡De ti una mujer, bien hecha y derecha!
y un rastro de huellas del suelo raspaban.

Pero llegó repentina, como una tromba de agua.
La mala uva en la niña por dentro medraba.
Con el hocico fruncido, la mandíbula prieta,
chascando el mutismo, la China soltaba:

¡Por este agujero el recuerdo me sangra!
¿Cómo zurzo esta herida si la vergüenza me empaña,
si de primeras la historia fue mal hilvanada?
¡Dime!
¿de qué madeja esta hebra que arrastro ha sido cortada?

Noelia C. Bueno

 

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